Infidelidad en el Trabajo por flors mas lluhi

Infidelidad en el Trabajo
Ya se sabe que el roce hace el cariño. Largas jornadas laborales compartidas codo a codo con los compañeros, las comidas de empresa que nos acercan más a los gustos del otro, viajes de negocio que derivan en contactos personales, atracción, deseo, infidelidad… y ruptura de pareja, incluso despidos laborales. ¿Merece la pena? Piénsatelo dos veces antes de hacerlo.

Es curioso como el relativismo lo está invadiendo todo, hasta los valores dejan de ser universales y se convierten en algo relativo. En concreto, la fidelidad, un valor que siempre fue considerado de mucha importancia en las relaciones humanas, ahora por razones puramente subjetivas ha pasado a no tener -valga la redundancia- ningún valor.

Siempre ha existido la fidelidad en la amistad, en el matrimonio, en las empresas, etc., pero resulta que ahora mi interés personal o mi capricho ponen entre paréntesis este valor indispensable para una sana convivencia social.

Cuando se trata de la fidelidad matrimonial hasta se permite calificar de tonto al que es fiel a su mujer, o -en su caso- al marido. Parece que la fidelidad es algo anticuado, “ya fue”. Si no fijémonos en el aviso del MINSA que presentaba la infidelidad del marido como algo normal con la única salvedad de pedir a la mujer que le exija usar condón.

La fidelidad a la empresa en la que se trabaja también deja de interesar cuando hay motivos económicos de por medio,o cambiar de aires.

En los medios de comunicación se hacen verdaderas apologías de la infidelidad. Y quienes las defienden se apoyan en que es algo muy común y que ellos nos muestran la realidad. Pero no se emite ningún juicio de valor.

¿Cómo puede mejorar una sociedad en la que la palabra no vale nada? Los compromisos no interesan. Los juramentos tampoco importan. ¿No nos damos cuenta de que nos autodestruimos como personas al eliminar la fidelidad y el compromiso?

Si queremos construir una sociedad en la que la palabra tiene valor, tenemos que empezar por dar ejemplo a nuestros hijos en la casa; y exigir en las escuelas y colegios que -siguiendo nuestros deseos- también se dé la importancia debida a ese valor que está al nivel de la libertad, de la unidad y de la paz.

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